-- BUDISMO PRAGMATICO, HUMOR Y CIENCIA ---------------------------------------------------------- PRAGMATIC BUDDHISM, HUMOR AND SCIENCE

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Budismo y budista
¿Qué es el budismo? El budismo es una religión y una filosofía propuestas por Siddhattha Gotama en el nordeste de la India en el siglo VI a. C. y que, tras extenderse gradualmente al centro y al oriente del Asia, ha jugado un papel preponderante en la vida espiritual, social y cultural de ese continente. Por el énfasis que el budismo coloca en la introspección, diversos autores consideran al budismo, más que (o además de) religión o filosofía, una escuela de psicología.

¿Quién es Siddhattha Gotama? Siddhattha Gotama (563 a. C.-483 a. C.) es el Buda, el pensador que desarrolla una doctrina   —teoría y práctica— que conduce al fin del sufrimiento y sobre la cual está construido el budismo religioso en todas sus ramificaciones. La tradición le asigna a Siddhattha Gotama una variedad de epítetos, siendo los más comunes y los que utilizo en este sitio el Despierto («despierto» es la mejor traducción del sustantivo buda, más exactamente despierto mental), el Perfecto, el Sabio de Sakya (el Sabio del clan de los Sakyas), el Maestro y, por supuesto, el Buda.

El sufrimiento emocional, o escuetamente sufrimiento, es uno de los conceptos más importantes del budismo; para el Buda el sufrimiento es toda la gama de insatisfacciones humanas, que comienzan con las simples preocupaciones imaginarias, pasan por las depresiones y los bajones de ánimo, y llegan hasta las angustias más intensas y dañinas. Me reservo la palabra «sufrimiento», utilizada sin adjetivos, como la escribo la mayoría de las veces, para referirme al sufrimiento emocional; uso la palabra «dolor» para el sufrimiento físico. Este es inevitable en muchas circunstancias; aquel siempre es opcional. El sufrimiento es lo que el Buda se propone acabar.

El cuerpo original de doctrina que construye Siddhattha Gotama se conoce como las Enseñanzas. Las Enseñanzas «escritas» se componen de un conjunto de lecciones —unos cuantos conceptos doctrinarios, unas instrucciones prácticas, numerosos ejemplos, muchas parábolas— que establecen la aplicación del Orden Natural a la conducta humana. Las Enseñanzas son las instrucciones para eliminar el sufrimiento; los conceptos doctrinarios son el respaldo teórico de las Enseñanzas. Tanto la práctica como la teoría son de sentido común. La práctica se refiere a la manera permanente de vivir para no sufrir; la teoría es el marco conceptual de las lecciones de la experiencia con las cuales se relacionan las Enseñanzas. Las Enseñanzas y los conceptos doctrinarios que ellas contienen son términos esencialmente intercambiables.

No obstante la claridad de su propuesta —acabar con el sufrimiento—, la sencillez de su práctica (desde ya anoto que demanda mucha disciplina) y la inteligibilidad de su doctrina, el budismo es, para el común de la gente, oscuro, difícil y pesado. ¿Por qué ocurre esto? Porque el budismo como religión está rodeado de malentendidos, de tergiversaciones y de una aureola grande de mito y de misterio. Las razones son múltiples. El cuerpo de su doctrina total que ha explosionado, a pesar de la elementalidad de las Enseñanzas, es abstracto; el número de escuelas, elevado; las influencias multiculturales, mayores; los rituales de algunas sectas, extraños; el volumen de la literatura sagrada, descomunal; las traducciones de los idiomas orientales, complicadas. En el otro extremo, dentro del gran cuerpo doctrinario atribuido al Buda (pero que, en su gran mayoría, es de fervorosos seguidores posteriores a él), existe un pequeño núcleo de conceptos sencillos que, con un alto grado de certeza, sí fue estructurado y predicado por el Sabio de Sakya. A este núcleo yo lo denomino las Enseñanzas básicas. Al igual que cuando escribo sufrimiento quiero decir sufrimiento emocional, cuando menciono solo Enseñanzas casi siempre me refiero a las Enseñanzas básicas. Más que exponer la doctrina del budismo, el propósito de este libro es desmitificar y «des-mistificar» las Enseñanzas del Buda, presentándolas con toda su belleza y en toda su simplicidad.

Hay, sin embargo, un factor clave que quiero resaltar de inmediato. El meollo del asunto, el punto de entrada a todo lo que quiero comunicar, se encuentra en el reconocimiento de que las Enseñanzas son eminentemente prácticas; son de hacer, no de creer; de verdades evidentes, no de dogmas de fe; de ver y palpar, no de especular y divagar.

La semántica de varios idiomas respalda el carácter práctico de las Enseñanzas. La palabra «budismo», desde la perspectiva que quiero explicar el mensaje del Buda, no debería existir y la palabra «budista» debería tener un sentido diferente. El budismo es una religión (con numerosas sectas y ramificaciones y con más de cuatrocientos millones de seguidores); las Enseñanzas no lo son. Como modo de vivir, las Enseñanzas no tienen nada en común con los sistemas dogmáticos que conllevan creencias o afiliaciones. Aunque muy diferentes en su propósito, las Enseñanzas se parecen mucho en formato y aplicación a los manuales de productividad personal —por ejemplo a Los siete hábitos de la gente altamente efectiva— que a una doctrina religiosa. Con todo el éxito que ha tenido la propuesta de Stephen Covey, el desarrollador de los Siete hábitos, jamás he escuchado la expresión «coveyismo».

El término «budismo», sostiene Stephen Batchelor (1953- ), escritor escocés, traductor de textos tibetanos, monje budista por diez años y hoy conferencista de un budismo sin afiliación, es una invención de los eruditos occidentales. El término «budista», dice Lama Surya Das (1950- ), conferencista norteamericano, monje budista activo, también escritor y traductor de libros sagrados, no existe en lenguaje tibetano. Según él, la expresión del tibetano más cercana a budista es equivalente en español a «instrospectivo» u «observador interior», en el sentido de la persona que busca desde adentro el sentido de la existencia. Esta descripción en sí misma no tiene connotación alguna de seguimiento de creencias o afiliación a sectas.

Me traslado ahora al español, idioma en el cual, por fortuna, no necesito depender de lingüistas orientales. El sufijo «ista» aparece en dos tipos de palabras: uno, en adjetivos que también se usan como sustantivos; dos, en sustantivos que casi nunca se usan como adjetivos. Aclaremos. En el primer grupo, las palabras suelen significar partidario de algo (socialista, darwinista) o inclinado a algo (individualista, optimista), donde el «algo» es el socialismo, el darwinismo, el individualismo, o el optimismo. En el segundo grupo, las palabras designan generalmente a la persona que tiene determinada ocupación o profesión permanente (maquinista, dentista), o que practica un deporte o actividad que la caracteriza (futbolista, pianista).

Los adjetivos del primer grupo representan creencias o actitudes que son cualitativas y no se pueden medir. Los sustantivos del segundo grupo implican actividades y admiten niveles de desempeño que mejoran con la práctica continuada. Con la repetición de la actividad, resulta un maquinista más calificado, un dentista más competente, un futbolista más hábil o un pianista más brillante.

Gramática en mano, el sustantivo «budista» debería pertenecer al segundo grupo, con futbolista y con pianista, pues no tiene nada que ver con socialista o darwinista. Budista debería ser la persona que practica las Enseñanzas del Buda, como futbolista es quien juega al fútbol y pianista quien interpreta el piano. Budista practicante, estrictamente hablando, sería redundante y budista teórico (devoto, creyente, adepto…) carecería de sentido. Por estas razones, utilizo la palabra «practicante» para referirme a quien pone en acción las Enseñanzas.

Continuando con la semántica, si no hay «futbolismo» ni «pianismo», tampoco debería existir budismo, «Al Buda no lo escucharon; por eso es que hay budismo», dijo J. Krishnamurti (1895-1986), el eminente filósofo hindú del siglo XX. Al igual que el futbolista y el pianista, el budista auténtico no necesita creer en nada y solo requiere practicar algo. Si practica poco, obtendrá pobres resultados; si practica mucho, logrará progresos notables; si practica todo el tiempo, será un virtuoso. Y de la misma forma que para el futbolista son importantes las reglas de juego y para el pianista la teoría musical, para el budista son importantes los aspectos de la naturaleza y de la experiencia que se relacionan con las instrucciones para vivir.

A pesar de la veracidad y solidez de cualesquiera análisis semánticos que se hagan, los significados de los vocablos en un idioma no se pueden modificar por decreto, por más inapropiados que parezcan. Las palabras adquieren el sentido con el cual las usan los pueblos, no el que la etimología sugiere. Budismo es, ante los ojos de todo el mundo, la gran religión; esta es la primera acepción del término. Así la utilizo en numerosos apartes. Cuando budismo y Enseñanzas coinciden, como ocurre frecuentemente pues estas son un subconjunto de aquel, utilizo los vocablos indistintamente. Es como religión que el budismo ha tenido un impacto extraordinario en todas las culturas donde ha penetrado. Aspiro y propendo, eso sí, a que con el tiempo «budismo» adquiera también el significado que mejor lo describe, el que representa la intención de su iniciador, el que explican las Enseñanzas. Y que «budista» refleje más la acepción de practicante y menos la de seguidor o creyente. .