-- BUDISMO PRAGMATICO, HUMOR Y CIENCIA ---------------------------------------------------------- PRAGMATIC BUDDHISM, HUMOR AND SCIENCE

Home     English Home     My Buddha     Other writings     Budismo     Narraciones     Escritos     Humor, ciencia y otros     Contactar/retirar      
Calidad de muerte
Adanes y neandertales
Homínidos y astrales
Utilidades digitales
Material del alma
El retorno del bidé
Burka y celibato
Paradojas de la fisica
Maria Magdalena
Efecto placebo
Quimica del amor
Fe codificada
Fe y ciencia
Homo neanderthalensis
Sexebro
Aceptación del final
Arrivederci Alzheimer
Darwinización excesiva
El caos del DSM
Prohibido reencarnar
Biocentrismo
Masters y Johnson
Grados de separacion
Realismo fétido
Pensamiento negativo
El sofisticado retorno del bidé
 +

=

 

Los bidés, tanto el vocablo mismo como el recipiente ovalado para el aseo íntimo, tienen su origen en la Francia del siglo XVIII; bien sabemos que, así no se bañen todos los días, a los franceses les gustan las cosas limpias. En francés bidet significa poni o caballito y el nombre del aparato en cuestión fue asignado por la semejanza de las posturas requeridas tanto para utilizar el bidé como para montarse en el animalito. El bidé es un elemento muy común en algunos países —España, Argentina, Japón— y poco conocido en otros lugares —Estados Unidos, México, Europa del Norte—. En los años recientes, su elevado costo lo ha convertido en un artículo de lujo en casi todas partes.

Eso está por cambiar, sin embargo. Las razones son ecológicas y el cambio está siendo promovido por TOTO, una gigantesca empresa japonesa especializada en accesorios de baño. Con un sofisticado modelo llamado washlet —manos libres como los celulares—, los orientales han visto una oportunidad espectacular en la disminución del consumo de papel higiénico; el principal mercado que tienen en mente, por ahora, son los Estados Unidos.   

Como los más ricos del planeta, los gringos son los habitantes que más comen y, en consecuencia, los que más defecan. Plata y caca juntas ¡ahí es donde está la clientela! Veamos algunos datos. En los Estados Unidos se consumen 36.500 millones de rollos anuales de papel higiénico —en la mayoría de los demás países, o no se limpian o no los cuentan—; para producirlos hay que tumbar 15 millones de árboles, gastar 1.800 millones de metros cúbicos de agua, utilizar 253.000 toneladas de cloro blanqueador y consumir 17.300 millones anuales de kilovatios-hora. (Después de conocer estas cifras, creo que no volveré a sentarme tranquilo en el sanitario: Una visita breve, una rama; la digestión semanal, un árbol; una diarrea mayor, medio bosque). Como si fuera poco, el papel higiénico sobrecarga los sistemas de alcantarillado y es una las causas mayores de sus obstrucciones. Con el aumento creciente de las preocupaciones ecológicas, el potencial del negocio difícilmente puede ser más atractivo.

Pero hay asuntos que los japoneses tendrán que tener muy en cuenta. La forma de utilizar cualquier producto, según los expertos en diseño, debe ser “intuitiva”, esto es, su manejo tiene que ser evidente, con uso mínimo de instrucciones. No es el caso el caso de los bidés tradicionales o, al menos, no de los que yo conocí de niño. Para mí, siempre fue un misterio el tal aparato, que aparecía siempre al lado del inodoro; ni siquiera sabía cómo se escribía “bidé” y de su operación y uso no tenía ni idea. Yo me preguntaba con gran extrañeza la razón de la existencia de dos tazas cuando uno dispone solamente de un trasero. En mi época, nadie le hablaba a uno del sexo o de sus aledaños; ni siquiera por razones higiénicas.

La utilización del bidé convencional no es intuitiva. El usuario se coloca hacia delante o hacia atrás, dependiendo de lo que quiera limpiarse. (Los franceses no lo han debido llamar poni porque la cabalgada en el caballito es unidireccional; nunca he visto un jinete en contravía). Para complicar el tema, el washlet viene con una especie de control remoto que sirve tanto para dirigir los chorros como para graduar la presión y la temperatura del agua y del aire. El asunto de nuestras funciones fisiológicas se nos puede pues complicar; por fortuna, el uso del washlet sigue al del sanitario, cuando la premura, si es que la hubo, ya ha pasado. ¿Quién podría leer instrucciones durante una emergencia digestiva?

Así que el éxito de los bidés del tercer milenio —los washlets— dependerá mucho tanto de la campaña publicitaria, con sus ventajas ecológicas y sanitarias, como de la claridad de sus instrucciones de funcionamiento. Para asegurar el éxito, TOTO tendrá que evitar, a toda costa, la repetición de la célebre anécdota del gringo en la Argentina. Dice la historia que, tras pagar la cuenta de su hotel en Buenos Aires, un norteamericano fue entrevistado para una encuesta de servicio. “¿Cómo califica usted nuestras instalaciones y nuestra atención?”, le preguntaron. “Todo excelente”, respondió el muy satisfecho turista. “Sólo tengo una queja: Los bebederos del cuarto de baño me parecieron demasiado bajitos”.

Gustavo Estrada

Autor de HACIA EL BUDA DESDE EL OCCIDENTE