Texto. Estando el Maestro en las vecindades de Savatthi escuchó de algunos de sus discípulos que varios grupos de sacerdotes, predicadores y peregrinos de diferentes sectas, de opiniones encontradas, con creencias y suposiciones diferentes, se encontraban duramente enfrentados en acaloradas discusiones acerca de la finitud del universo, la dualidad del cuerpo y el alma, y la eternidad de los budas.
—Ellos viven discutiendo a toda hora que la doctrina verdadera es de una cierta manera o que la doctrina verdadera es de una manera diferente —vinieron los discípulos a decirle.
—Los seguidores de esas sectas están ciegos —comentó entonces el Perfecto—. Ellos carecen de visión. Desconocen lo que es provechoso y lo que es perjudicial. Desconocen cuáles son los conceptos de las Enseñanzas y cuáles conceptos no son de las Enseñanzas. No conociendo ni lo que es provechoso ni lo que es perjudicial, desconociendo cuáles son los conceptos de las Enseñanzas y cuáles conceptos no son de las Enseñanzas, esos predicadores discuten incesantemente que la doctrina verdadera es de una cierta manera o que la doctrina verdadera es de otra manera diferente. Presten entonces atención a la siguiente parábola:
Antiguamente, aquí mismo en Savatthi, un rey sabio, cansado de las mismas discusiones que ustedes narran, le pide a uno de sus súbditos: «Por favor, buen hombre, traiga aquí a todos los ciegos de nacimiento que viven en la ciudad y muéstrenles a ellos un elefante». «Excelente, su majestad», responde el aludido; reúne entonces en el lugar a un número considerable de ciegos y les presenta un elefante diciéndoles: «Esto es, amigos, un elefante; tóquenlo, por favor», permitiendo que cada invidente entre en contacto con apenas una parte del animal. Después de un rato, el monarca interroga entonces a los miembros del grupo: «Ahora, señores ciegos, díganme ¿cómo es un elefante?». Los ciegos que palpan la cabeza, dicen que el elefante es como un jarrón de agua; los que palpan la oreja, dicen que es como un tamiz; los que palpan un colmillo, dicen que es como una lanza; los que palpan la trompa dicen que es como la pieza de un arado; los que palpan una pata dicen que es como un poste; los que palpan la cola dicen que es como un lazo; los que palpan la punta de la cola dicen que es como una escoba. Entonces los ciegos comienzan a discutir unos gritando «un elefante es de esta manera», otros alegando «un elefante es de esta otra manera». Y el rey entonces se divierte con el espectáculo.
—De la misma manera, discípulos —concluyó Siddhattha—, los seguidores de esas sectas están ciegos, carecen de visión. En su obnubilación, ellos son por naturaleza discutidores, polémicos y testarudos. Desconocen tanto lo que es provechoso como lo que es perjudicial. Desconocen cuáles son los conceptos de las Enseñanzas y cuáles conceptos no son de las Enseñanzas. No conociendo ni lo que es provechoso ni lo que es perjudicial, desconociendo cuáles son los conceptos de las Enseñanzas y cuáles conceptos no son de las Enseñanzas, discuten incesantemente que la doctrina verdadera es de una cierta manera o que la doctrina verdadera es de otra manera diferente. Por defender cada uno su opinión y su suposición, esa gente puede ver solo un lado de cualquier cosa.