-- BUDISMO PRAGMATICO, HUMOR Y CIENCIA ---------------------------------------------------------- PRAGMATIC BUDDHISM, HUMOR AND SCIENCE

Home     English Home     My Buddha     Other writings     Budismo     Narraciones     Escritos     Humor, ciencia y otros     Contactar/retirar      
La rueda
La impersonalidad
La atención
Escalonamiento
Los indeterminados
Silencio noble
Los ciegos
Narración al contador Moggallana
Localización: Colección de narraciones de longitud mediana 107
Título en pali: Ganakamoggallana sutta
Referencia en el Canon Pali: Majjhíma Níkāya 107
Particulares: En esta narración el Buda reconoce la existencia de un escalonamiento en el progreso hacia el despertar interior y hace énfasis en la importancia de seguir estrictamente las instrucciones que el Maestro señala para no extraviarse del camino.
Otras versiones de esta narración en inglés 
 
Texto. En cierta ocasión estaba el Maestro en un palacio muy grande cerca de Savatthi. Entonces Moggallana, un contador de oficio, se acercó al Maestro y, tras saludarle cortésmente e intercambiar con él unas cuantas palabras, tomó asiento a una respetable distancia. Luego Moggallana habló al Perfecto de la siguiente manera:
—Así como en este palacio, desde su entrada hasta su piso más alto, para su manejo y ordenamiento hay un entrenamiento gradual, una tarea gradual, una práctica gradual, de igual forma para quienes se inician en la vida religiosa del vedismo hay un entrenamiento gradual, una tarea gradual, una práctica gradual en el estudio de las escrituras sagradas. También para los arqueros hay un entrenamiento gradual, una tarea gradual, una práctica gradual en el arte de manejar arcos y flechas. Y también para aquellos que trabajamos como contadores hay un entrenamiento gradual, una tarea gradual, una práctica gradual en contabilidad. Porque cuando recibimos a un principiante, comenzamos con la aritmética elemental y las tablas de multiplicar (de los unos, de los doses, y sucesivamente hasta los dieces y los cientos) y él va progresando hasta cuando puede hacer los cálculos y los registros más complicados. ¿No es posible, buen Gotama, plantear un entrenamiento gradual, una tarea gradual, una práctica gradual en el conocimiento de su doctrina y de su disciplina?
—Sí, señor —respondió Siddhattha—. Es posible plantear un entrenamiento gradual, una tarea gradual, una práctica gradual en las Enseñanzas y en su disciplina. Aun un entrenador experimentado de caballos, cuando recibe por primera vez un animal de pura sangre, lo primero que hace es acostumbrarlo a usar el freno y luego lo lleva progresivamente a otros ejercicios. De igual forma, el Perfecto, cuando recibe un aprendiz para instruirle y disciplinarle, le entrena gradualmente en moralidad (recto lenguaje, recta acción, recta ocupación), control de los sentidos (vigilancia de las doce esferas de la actividad mental), moderación en la comida, vigilancia de sus pensamientos (recta opinión, recto pensamiento), claridad de la consciencia (recta atención) y control de las obstáculos de la intuición (recto esfuerzo). En algún momento, el discípulo podrá entonces iniciar la práctica de la meditación del éxtasis (recto éxtasis).
Moggallana —continuó el Maestro—, tal es mi instrucción para aquellos aprendices quienes, no habiendo alcanzado aún la perfección, viven echando de menos la seguridad ficticia de sus ataduras.
Después de una breve pausa, Siddhattha prosiguió su explicación:
—Pero para aquellos que ya se han realizado en la excelencia (sus heridas curadas, su vida bien vivida, sus acciones completas, sus opresiones descargadas, sus propias metas cumplidas, sus deseos de ser alguien diferente destruidos) y han sido emancipados por su profunda comprensión, estas Enseñanzas conducen tanto a una ecuanimidad duradera (aquí, ahora y siempre), como a una atención permanente y una consciencia clara.
—Siguiendo este camino ¿alcanzan todos la realización de la perfección o hay algunos que no la logran? —preguntó Moggallana.
—Algunos lo logran, otros no —repuso Siddhattha.
—¿Cuál es la causa, buen Gotama, de que, existiendo la realización de la perfección, existiendo un camino para llegar a la realización de la perfección, existiendo las instrucciones del Maestro, algunos llegan y otros no al deseado destino? —interrogó con curiosidad el discípulo.
—¿Sabe usted cómo llegar a la ciudad de Rajagaha? —replicó Siddhattha con una nueva pregunta.
—Conozco muy bien la ruta —dijo inmediatamente Moggallana.
—Si alguien quisiera saber cómo llegar allá, usted le señalaría hacía el este —agregó entonces el Maestro— y seguramente procedería a darle las instrucciones apropiadas:
—Este es el camino que le lleva a Rajagaha; vaya por él hasta la próxima villa. Siga luego por un rato más y pasará por un pueblo con un gran mercado. Avance otro buen trayecto y usted verá a Rajagaha. La reconocerá fácilmente por sus parques hermosos y sus hermosas fuentes. No obstante sus indicaciones, él puede salir hacia el oeste y terminar perdido.
—Luego, un segundo hombre viene a usted con la misma solicitud y usted repite las mismas indicaciones —dice el Maestro planteando una situación diferente—. Si esta otra persona las sigue al pié de la letra, ella llegará con certeza a dónde quiere ir. ¿Cuál es la causa, amigo Moggallana, por la cual, existiendo Rajagaha, existiendo el camino, existiendo el consejero, el primer hombre se extravía y el segundo arriba a su destino? ¿Fue error suyo, buen Moggallana, el extravío de un viajero o triunfo suyo el exitoso logro del otro?
—¿Qué tengo que ver yo en esto, buen Gotama? —replicó el discípulo—.Yo soy solo el señalador del camino.
—De la misma forma —resumió el Maestro—, la realización de la perfección existe, el camino hacia la realización de la perfección existe, el consejero existe. Pero algunos discípulos alcanzan el objetivo, otros no. ¿Qué tengo que ver yo en esto, buen Moggallana? Yo soy solo el señalador del camino.