Narración sobre la característica de la impersonalidad
Localización: Colección de narraciones relacionadas 22.59
Título en pali: Anattalakkhana sutta
Referencia en el Canon Pali: Samyutta Níkāya 22.59
Particulares: Este fue el segundo discurso de Siddhattha, pronunciado en el Parque de los Ciervos de Benares a sus cinco antiguos compañeros de vida ascética.
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Otras versiones de esta narración en español
Texto. Ninguno de los agregados de la individualidad constituye, ni aisladamente ni en conjunto, una esencia perdurable e inmaterial. Una esencia perdurable e inmaterial no se inflingiría sufrimiento. De igual forma, tal esencia podría controlarse y manejarse por sí misma para que cada agregado tuviera solo estados provechosos y careciera de estados perjudiciales. Pero precisamente porque ninguno de los cinco agregados de la individualidad constituye una esencia perdurable, los agregados son entonces propensos al sufrimiento. En consecuencia, ellos no pueden actuar para generar y sostener únicamente lo provechoso ni para evitar y erradicar todo lo perjudicial.
Cada uno de los agregados de la individualidad es transitorio. Todo lo que es transitorio es estresante y propenso al sufrimiento. No es apropiado considerar a ninguno de los agregados de la individualidad, por ser transitorios, estresantes, propensos al sufrimiento y sujetos al cambio, como algo de lo que pueda aseverarse «esto es mío, esto soy yo, esta es mi alma».
Por lo tanto, cada parte de la forma material, cada señal nerviosa, cada percepción, cada formación condicionada o cada acto de la cognición debe ser considerado con discernimiento apropiado como «esto no es mío, esto no soy yo, esta no es mi alma».
Quien ve esto de esta manera acaba con la ilusión creada por la forma material, acaba con la ilusión creada por las señales nerviosas, acaba con la ilusión creada por las percepciones, acaba con la ilusión creada por las formaciones condicionadas, acaba con la ilusión creada por la cognición. Quien acaba con la ilusión (de los cinco agregados) se vuelve imparcial y ecuánime. Quien se vuelve imparcial y ecuánime alcanza la emancipación y el desprendimiento. Quien alcanza la libertad y el desprendimiento comprende entonces que el propósito del nacimiento está cumplido, que la vida ha sido bien vivida, que todo lo que podía hacerse está ya hecho, y que no hay ahora nada pendiente por hacer en este mundo.