-- BUDISMO PRAGMATICO, HUMOR Y CIENCIA ---------------------------------------------------------- PRAGMATIC BUDDHISM, HUMOR AND SCIENCE

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¿De qué está hecha el alma?
 

Hoy amanecí con mi agnosticismo y mi escepticismo en jaque. Agnosticismo es la abstención de opiniones sobre asuntos metafísicos; escepticismo, la negación de la existencia de un conocimiento último y universal. No quiero decir con esto que alguien está próximo a darme mate. No, en mi ajedrez intelectual no hay espacio para ganadores o perdedores y, para el final de mi partida, aspiro a conseguir tablas. Pero están pasando por mi cabeza ciertas ideas sobre el material del cual podría estar hecha el alma que desestabilizan temporalmente mi balanza espiritual. Mis especulaciones son inconclusas y ello, al menos, es un excelente respiro para mi incredulidad.

Para comenzar, veamos lo que se conoce —o lo que se cree— acerca del alma. En primer lugar, el peso del alma no puede medirse directamente. Hay desocupados que han colocado en básculas especiales a moribundos y a muertos (en secuencia y a la misma persona, por supuesto) para, por diferencia, calcularle los gramos al alma. (¿Ustedes se imaginan cómo se sentirían si los fueran a someter a esa investigación? “Señor, por favor, no vaya a comer ni a ir al baño antes de fallecer”). Pues por este método, el peso del alma no se ha podido determinar, no obstante la precisión de los equipos modernos. En segundo lugar, el alma tiene la rara capacidad de atravesar cuerpos sólidos y desconoce por completo las leyes de la física newtoniana. ¿Se acuerdan de la película Ghost con la bellísima Demi Moore y el recientemente fallecido Patrick Swayze? Por último, el alma puede estar presente sin ser observada; yo conozco a alguien cuya abuela, desaparecida cuando él era niño, lo acompaña a todas partes para protegerlo pero jamás nadie la ha visto. El alma, en resumen, es inconmensurable, inmaterial e invisible.

Me traslado ahora al terreno de la ciencia. Los científicos han encontrado que nuestro descomunal universo consiste de tres cosas cuyas proporciones están bastante bien calculadas: materia visible y medible (4.5%), materia oscura (24.0%), y energía oscura (71.5%). ¿Qué cosas son esa “materia oscura” y esa “energía oscura” que, entre las dos, ocupan el 95.5% de todo lo que existe? Pues sabe más la CIA sobre la ubicación de Osama Bin Laden que la ciencia acerca de la naturaleza de estos entes extraños.

De la materia oscura, llamada así porque no genera ni absorbe ni refleja luz, solo se concluye que existe en ciertas partes del cosmos por los extraños efectos gravitacionales que produce en el vecindario, tales como la aceleración de la rotación de las galaxias “cercanas” y la desviación de la luz que emiten los objetos que se encuentran detrás de ella. “Usted no la ve pero ahí está”, decía un anuncio comercial, cuando yo era niño (no recuerdo de qué producto). Así es la materia oscura.

¿Y la energía oscura? Pues resulta que el universo no solo se está expandiendo desde su inicio, desde el instante mismo del big bang, sino que se está expandiendo cada vez más rápido. La expansión parece lógica pero el hecho de que sea acelerada carece de sentido alguno para los sabios. Una vez más, entonces, les toca inventarse cosas. El contradictorio fenómeno, según ellos, sólo puede explicarse mediante la existencia de un desconocido efecto global que está homogéneamente distribuido por todo el espacio y por todo el tiempo. Este misterioso efecto es la denominada energía oscura, de la cual tampoco se sabe nada. En cualquier caso y con absoluta certeza, dicen los que saben, la energía oscura está por todos lados: entre la Tierra y la Luna... y entre el documento usted está leyendo ahora y sus propios ojos.

Así de extrañas son la materia oscura local y la energía oscura global. ¿No les parece que de eso mismo (de una de las dos cosas o de ambas) podría estar hecha el alma, que tampoco puede pesarse, tocarse ni verse? Aquí es donde mi agnosticismo y mi escepticismo entran en jaque. Si las mentes más brillantes de la física se ven forzadas a “crear” con imaginación y a “creer” con fe en unos entes acerca de los cuales lo único cierto es su existencia —lo mismo dicen los creyentes en el alma— ¿no será posible que las leyes que regulan a esos entes oscuros, así las ignoremos hoy, sean las mismas que gobiernan las también desconocidas fuerzas espirituales?

¡Qué vaina! Entre chiste y chanza, me metí en un asunto muy serio. Porque la posibilidad la veo muy real y las restantes teorías del alma las encuentro, bueno, “oscuras”. En todo caso, eso sí, tengo la certeza de que la cuestión no se resolverá antes de que a mí me pesen en la báscula fúnebre. Mi agnosticismo y mi escepticismo, por lo tanto, fallecerán intactos.

 
Gustavo Estrada
Autor de HACIA EL BUDA DESDE EL OCCIDENTE 
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Gustavo Estrada
Autor de HACIA EL BUDA DESDE EL OCCIDENTE 
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