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Predisposiciones genéticas

Predisposición es la preparación o inclinación de algo para algún propósito, pero no implica ni conduce necesariamente a su logro o culminación. El biólogo norteamericano Edward Wilson (1929- ) sostiene que la naturaleza humana es una gran armazón de predisposiciones genéticas y que pocas cosas están absolutamente predeterminadas en el hombre. Los humanos no somos engendrados para inexorablemente ser generosos o tacaños, compasivos o crueles, humildes u orgullosos. Nacemos con propensiones a características —cualidades o deficiencias— que, en el curso del tiempo, bien podemos desarrollar y desplegar, o alternativamente limitar y excluir. La combinación de la propensión de cada persona a la característica (alta o baja) y el grado de ejercitación (mucho o poco) determina el nivel con el cual la cualidad o la deficiencia se presenta. Una predisposición cualquiera, por ejemplo al alcoholismo, puede manifestarse en exceso, manifestarse a medias o no manifestarse en absoluto. Las propensiones se combinan reforzándose (habilidad numérica más dedicación igual a genio matemático) o atenuándose (bebedor más disciplina más responsabilidad igual a sobrio recuperado). La personalidad, la expresión del ego, es una sumatoria compleja de centenares de predisposiciones, cada una en su correspondiente nivel de aplicación.

Siendo la personalidad una agregación de cantidades variables, la intensidad del ego —el de una persona en el tiempo, el de los diversos grupos humanos en la geografía, el del género humano en la historia— también tiene que ser variable. La intensidad del ego de un recién nacido es nula o muy baja, aumenta poco a poco con la edad cronológica del infante, se reajusta de diversas maneras en la adolescencia y se estabiliza en la madurez. En ese momento, con el potencial de sus predisposiciones esencialmente a plena carga, la personalidad está más o menos definida y completa.

La secuencia de ego nulo a ego maduro es un proceso acumulativo de experiencias y memorias que van generando la identificación; tal proceso se repite en el mismo orden —emociones, lenguaje, razonamiento, consciencia de la individualidad— para cada ser humano durante los primeros años de su parábola vital. No hay ego al nacer (o es mínimo), pero la predisposición neuronal ya está subyacente en el cerebro del bebé. Un millón de veces más lenta, la misma secuencia de nulidad a madurez ocurre en la intensidad del ego de la especie humana durante su recorrido de humanoide, a homínido, a Homo sapiens.

Siddhattha Gotama no sabe de genética, selección natural o crecimiento progresivo de la consciencia de identidad durante la evolución. Sin embargo, el Maestro sí reconoce desde entonces tanto la existencia de predisposiciones a comportamientos determinados, como la capacidad del hombre de ejercer control sobre tales predisposiciones. Dice el Perfecto acerca de las predisposiciones —siendo el ego su expresión máxima— y del control que el hombre puede ejercer sobre ellas [1]:

 

Un niño pequeño, aunque tiene la predisposición, no tiene ni siquiera la noción de ego, así que ¿cómo podría surgir en él la devoción —la formación, la perspectiva, el enfoque— hacia un ego? Sin embargo, la tendencia subyacente a la devoción hacia el ego se encuentra dentro de él. Un niño pequeño, aunque tiene la predisposición, no tiene ni siquiera la noción de estudio y aprendizaje, así que ¿cómo podrían surgir en él dudas acerca del estudio de cosas? Sin embargo, la tendencia subyacente a la duda se encuentra dentro de él. Un niño pequeño, aunque tiene la predisposición, no tiene ni siquiera la noción de «reglas», así que ¿cómo podrían surgir en él el sometimiento a las reglas y la obediencia? Sin embargo, la tendencia subyacente al sometimiento a reglas y a la obediencia se encuentra dentro de él. Un niño pequeño, aunque tiene la predisposición, no tiene ni siquiera la noción de «placeres sensuales», así que ¿cómo podrían surgir en él los deseos sensuales? Sin embargo, la tendencia subyacente a la sensualidad se encuentra dentro de él. Un niño pequeño, aunque tiene la predisposición, no tiene ni siquiera la noción de la existencia de otros seres, así que ¿cómo podría surgir en él la mala voluntad hacia otros seres? Sin embargo, la tendencia subyacente a la mala voluntad se encuentra dentro de él. Un discípulo disciplinado no se somete a una mente obsesionada y esclavizada por la devoción al ego, por las dudas, por el sometimiento a reglas, por la sensualidad y por la mala voluntad.

 

En otras palabras, las predisposiciones no son maldiciones ni bendiciones definitivas; una inclinación a un defecto o a una cualidad no es una desgracia ni una bendición programada. La conducta real y final de una persona es el resultado de la interacción entre los componentes orgánicos (el diseño biológico y genético) y el ambiente en el cual se desarrolla; en la medida en que un individuo tiene la capacidad para manejar e influenciar sus alrededores, así también puede ejercer control sobre sus predisposiciones genéticas. En esta conclusión bien coinciden las Enseñanzas y la psicología evolutiva.



[1] Majjhíma Níkāya 64: Mahatanhasankhaya sutta. Colección de narraciones de longitud intermedia 64: Narración mayor a Malankyaputta.