Transitoriedad o inestabilidad
La primera característica de los fenómenos establece la mutabilidad de todas las cosas. Hasta una época relativamente reciente, digamos que hasta el comienzo de la era industrial en el siglo XVIIII, la transitoriedad de lo existente era manifiesta en el dominio de los seres vivos; no se necesitan sabiduría o erudición particulares para apreciar que humanos, animales y plantas somos todos, visible e indiscutiblemente, pasajeros y cambiantes.
Pero la transitoriedad no es característica exclusiva de los seres vivos; también hay inestabilidad en los objetos inanimados, solo que sus transformaciones son más sutiles y, con frecuencia, casi imperceptibles —las oxidaciones son lentas; los deterioros, demorados; los cambios, apenas notorios—; los instrumentos modernos de la ciencia confirmaron hace tiempo la transitoriedad y la inestabilidad del reino mineral.
A los hallazgos de los científicos se anticipa Siddhattha Gotama en dos milenios. En un extremo, en los territorios de lo infinitesimal, moléculas y átomos reaccionan permanentemente entre sí, mientras que sus electrones se mueven incesantemente. Si examinamos cualquier material aparentemente inerte con un microscopio moderno, se advierte el movimiento permanente de los electrones que se desplazan a velocidades fantásticas por los vacíos proporcionalmente inmensos que existen entre los núcleos atómicos. En el otro extremo, en los confines distantes del cosmos, los telescopios modernos nos muestran cómo las nubes galácticas lejanas son un caldo incesante de explosiones nucleares descomunales y, al igual que los seres vivos, también nacen y desaparecen. En protones y neutrones, en astros y estrellas, nada permanece estable.
Ni siquiera el cosmos mismo, como un todo, puede calificarse como permanente. La ciencia moderna sabe hoy, con un buen grado de certeza, que el universo, tal como lo conocemos, comienza con la gran explosión de un fragmento de materia o de energía o de algo inexplicable —el big bang— hace unos 13 500 millones de años. Antes no había nada; más complicado aún, no estamos seguros de si la palabra «antes» tiene sentido. En la transitoriedad, a todos los niveles, ciencia y Enseñanzas están completamente de acuerdo.